PRIMEROS CRIADORES
Se dirá sencillamente, para empezar, que los caballos de polo argentino son los mejores del mundo. Prueba fehaciente del hecho, reproducido en todo remate y venta desde 1892, que los más altos precios han sido realizados por ejemplares criados y entrenados en nuestra pampa.
¿Cómo se llegó a esa casi total supremacía? Hay que recordar que en los albores del polo existía un límite reglamentario de la alzada, inicialmente fijado en 14 manos y paulatinamente escalado hasta su abolición luego del primer conflicto mundial. Se ha hecho el comentario de que en ciertos lugares la ley observa más en su quiebra que en su ejecución. Esto aparte, en los comienzos de nuestro polo, el deporte se practicó con tres tipos distintos de cabalgaduras: verdaderos petisos, de 13 a 13.2 manos; caballitos criollos, de unas 14 manos equivalentes a 1.42 metros; y puros por cruza. Con el progreso del juego, y al subir el límite de la alzada, el rendidor petiso se vio desplazado paulatinamente por sus más ágiles y fuertes congéneres.
Los primeros estancieros que empezaron a criar caballos de polo seriamente fueron los señores McNaughton y Bradney en ¨La Independencia¨, estación Las Rosas, la zona más polera de Santa Fe. Al comenzar la década del ´90, McNaughton importó a Cupid, un pony puro, y este padrillo, conjuntamente con otro puro, Meistersinger, produjeron excelente petisos de polo por muchos años. Paulatinamente en ¨La Independencia se prestó mayor atención a la crianza de caballos de carrera. Al vender Francisco Bradney la estancia, la yeguada fue comprada por los Drysdale, quienes continuaron la crianza en ¨ Santa Inés ¨. Varios de los petisos de esa línea fueron llevados por Carlos Land a los Estados Unidos en 1926. El apelativo de ¨ yegua de La Independencia ¨ significó por muchos años símbolo de calidad de polo.
Los Traill, dueños del padrillo Spring Jack, fueron de los primeros en demostrar la superioridad de la buena sangre para polo, y la caballada que traía para jugar al Abierto en Buenos Aires era en su gran mayoría de cría propia. Marsden Withington, de ¨ Santa Rosa¨, en La Colina, tenía un hijo de Phoenix, uno de los mejores padrillos importados, y a Marechal Neil, vendido al señor F.G Lomax cuando se abandonó la crianza en ¨ Santa Rosa ¨, cuyo administrador era el conocido jugador O.G. Hoare.
El mayor Porteous y el capitán Knight, copropietarios de la estancia ¨ Las Tres Lagunas ¨, también en Las Rosas, criaron excelentes caballos. Comenzaron con un padrillo árabe y un lote vario de yeguas, incluyendo algunas criollas de ¨ Las Petacas ¨, que en esa época montaba a su equipo campeón de Kinchant y sus tres peones con caballos allí criados. En 1897 Lord Harrington, distinguidos criador y jugador inglés, le dio a Porteous su viejo padrillo Fetterlock. Un hijo de éste por una yegua pura de carrera produjo muy buenos caballos, uno de los cuales, Pride of Fame, vendido al francés conde Jean de Madre, fue campeón del Hurlingham británico.
Otros criadores, algo posteriores en el tiempo, fueron A. M. Wall, de San Andrés, provincia de Santa Fé; el ya mencionado Vivian Kennard de ¨ El Marabú ¨; el ubicuo Francisco Balfour en Washington, Córdoba; un tal Grey, en Pascanas, en la misma provincia; Harold Schwind de ¨ El Bagual ¨, San Luis; Jorge Anderson en Santa Fe, quien importó al famoso Right For´ard, padre del igualmente famoso Belsire; desdichadamente Right For´ard murió durante el viaje marítimo. En el sur de Buenos Aires se encontraba el ya referido Lomax, propietario de My Boy, por Kennigton en My Girl, otro ejemplar de la numerosa y destacada cría de Sir John Barker y que fuera exportado a la Argentina en 1912. En ese mismo año Amadeo Artayeta importó para su cabaña ¨ La Providencia ¨, en Alsina, F.C.C.A, a Otharae, por Raeburn en Othery, y nieto en su línea paterna de St.Simon, ganador de la Triple Corona del turf británico. Othrae vino con la distinción de ser campeón en Roehampton. También en la zona sur de la provincia de Martínez de Hoz en el famoso haras ¨ Chapadmalal ¨ contaban con el padrillo Balcarce, por Gasy Hermit en María Luisa. Entre los mejores productos de ese establecimiento merecen reconocimiento Oh Hell!!, luego llamado Hello, campeón de tipo pesado en Hurlingham en 1921 y luego jugado por los ingleses en la serie internacional, Córdoba, Anca Mora y Dios Te Ampare fueron con el team olímpico a París. Chingolo, sangre pura de carrera y jugado por Gazzotti en Berlín y en Meadow Brook, ganador de carreras en la Argentina, obtuvo en precio máximo de la caballada del contingente olímpico en 1936.
¨ San Marcos ¨, establecimiento de 9.000 hectáreas poblado por don Tomás Duggan, abuelo de Jack y Tomás Nelson, fue un lugar de cría en gran escala, actividad también cumplida en ¨ Salalé ¨, ambas estancias situadas en la provincia de Buenos Aires. Sus mejores padrillo fueron San Marcos y el famoso Collar Stud, por Collar en Gulden; Collar descendiente del gran St.Simon, ganador de la Triple Corona de Inglaterra. Collar Stud fue importado por los Worrell, de ¨El Chañar¨, en Villa Valeria, y Jack Nelson contaba que era de una disposición alocada, pero afortunadamente su progenie resultño de temperamento calmo y excepcionalmente fáciles para entrenar y jugar. Nelson tuvo la buena fortuna de tener a cargo de su caballada a Agustín Ibarra, uno de los grandes adiestradores de caballos de polo, quien lo acompañó en todas sus andanzas por el mundo polista. Ibarra comenzó a trabajar para los Nelson en 1914, la retirarse del juego Hugo Scott-Robson, su primer patrón y mentor.
Otro gran criador argentino fue Francisco Balfour, el primer secretario de la River Plate Polo Association y por muchos años prominente jugador, gentlemen-rider y dirigente. Su estancia ¨ El Colorado ¨ en Washington, era administrada por su yerno Edgardo J. Carlisle. El Primer padrillo ulitizado por Balfour y realmente el fundador de su justa fama fue el importado Shy Boy, por Rose Water, en Shy Lass y comprado a Sir John Barker. Las mejores yeguas de Shy Boy fueron servidas por otro padrillo importado, el igualmente grande Belsire, por Right For´ard, en Black Bella: la mejor sangre británica.
Black Bella había jugado en todos los torneos importantes en Londres, incluyendo los partidos internacionales en 1902. Belsire fue siempre un manso y dócil padrillo y la casi totalidad de sus descendientes heredaron esa cualidad. Su más famoso producto fue Crítica, yegua que cabalgó Andrada en 1926 y la cual llegó a ser considerada en los Estados Unidos como el petiso de polo más veloz en ese país. Otro padrillo fue The Bishop, asimismo por Belsire en Jeanne y que fuera exportado a la India luego de ser comprado por el gobierno de ese país en 1916.
El primer petiso argentino que llamó la atención en los Estados Unidos fue la tordilla Cinders, criada por Balfour en ¨ El Colorado¨. Esta yegua, propiedad de Robert Strawbridge, fue jugada por James Watson Webb en los partidos internacionales de Hurlingham en 1921 y vendida luego por 1.000 libras esterlinas, precio record en ese entonces para petisos de polo. Luego fue jugada en las Series Internacionales en Meadow Brook. Cinders fue una yegua de gran calidad, resistencia y muy fácil de boca, y desde su apogeo una larga lista de petisos argentinos ha seguido sus huellas en el país del norte. Entre otros criadores se contaron los Holway, en ¨ La Victoria ¨, provincia de Buenos Aires, quienes tenían a los padrillos Oriente y el uruguayo Invictus. Su petiso más famoso fue Félix por Tamanguito, sangre de Invictus y Orestes en su madre, y jugando por Pat Roark en la Serie Intenacional de 1927. Los Powell en ¨ La Chacra ¨, Ameghino, importaron tres padrillos de Inglaterra y compraron yeguas de ¨ El Marabú ¨, resultando en excelentes petisos de polo, Juan Traill jugó en las postrimerías de su larga carrera con petisos de Jorge Roberts de ¨ El Injerto ¨, donde prestaba servicios el padrillo Marcel. Julio y Tomás Juarez Celman criaron las famosísimas Judy y None So Pretty, ambas por el célebre Cheep en Alpargatas, y campeona en Palermo, Ranelagh y Meadow Brook la primera nombrada y en Meadow Brook y Londres la segunda.
En la zona adyacente a Venado Tuerto, Tomás Moore, el dueño de la célebres ¨ yeguas de Moore ¨, y el doctor Tomás Kenny, en ¨ La Mili ¨, fueron destacados criadores; lo mismo en otras partes de Santa Fe y Córdoba la familia Benitez se dedicó con éxito a la cría de caballos de polo; Malcolm en ¨ Los Algarrobos ¨, Willy en ¨ La California¨ y Juan en ¨ Monte Guazú ¨. Un poco más al sur y ya en la provincia de Buenos Aires, los Duggan tuvieron a un padrillo de excepcionales cualidades en Monóculo, progenitor de, entre otros, el famoso Citroen, triple campeón en la Argentina y los Estados Unidos; Arequito, Dos de Oro, Huracán, Balín y Madrugada. La prolifera familia Duggan poseía además en ¨ San José ¨ al tordillo Benson, por Tetratema, que había sido importado por don Juan Moore, hermano de Tomás; y al zaino Green Garter, por Knight of the Garter en la cabaña ¨ Santa Rita ¨. Otros conocidos padrillos de esa prestigiosa crianza fueron Garifo, Gamo, Manantial, Tango y Morfeo, el último nombrado por Cranganour, el injustamente distanciado ganador del Derby británico y comprado por Martinez de Hoz en 30.000 libras.
Los hermanos Iturralde contaban en su establecimiento de crianza con Datilero. Su producto más conocido fue Itacurú, por Datilero en una yegua mestiza, comprada a Juan Benitez por el mayor Stanley C. Deed, jurado de la exposición de petisos y frecuente comprador de nuestro país, tuvo suerte de adquirir a Itacurú en muy buen precio; la llevó a Inglaterra donde le cambió el nombre a C Carolina y obtuvo campeonatos en Hurlingham, Ranelagh y también el premio cumbre de la National Polo Pony Society. Otros destacados productos de la marca líquida de los Iturralde fueron Cantarella, de Carlos Uranga; Peine y Poitahué, de Pirulo Reynal; Lampalagua, de Andrada, todos jugados en el doblete de los campeonatos del Pacífico y Abierto Norteamericano; Camba, de Luis Lacey, e Iponá, de Harrington y llevada por los olímpicos a Berlín.
Un semental extraordinario fue Crisólogo, por Offenbach en Delicia II, un descendiente directo del famoso Rosicrusian, padre de grandes padrillos entre ellos Rose Water, el padrillo principal de don Carlos Watts. Fue Crisólogo ganador de muchas carreras en Rosario; de escasa alzada, muy fuerte, perfectamente aplomado y con gran profundidad de pecho y costilla; sus dos grandes cualidades como padre fue su temperamento tranquilo, casi apático y por lo tanto su mansedumbre extraordinaria que transmitió íntegramente a su progenie; y lo parejo de su producción que hizo que sus hijos se reconocieran inmediatamente dada la semejanza de tipo que heredaron de su padre.
Crisólogo fue adquirido por Santiago Cavanagh y sus productos empezaron a jugar al polo en la temporada de 1930. El célebre Guatimozin fue su producto más destacado: se impuso en siete carreras entre 400 y 1.000 metros en Venado Tuerto, ganando Todas. Luego fue entrado al polo de lleno, demostrando cualidades excepcionales. Jugó en los torneos de Venado Tuerto, en Hurlingham, en el Campeonato Abierto de Palermo, y finalmente fue comprado por Winston Guest y montado en los partidos internacionales por la Copa de las Américas, siendo uno de los petisos que más se destacaron. Don Santiago Cavanagh y sus hijos tuvieron el doble de formar un plantel de madres con el mejor origen del país: Watts y Tomás Moore, y consiguieron un padre de excepción.
Pero al lado de estos grandes establecimientos existías varios de menor importancia que produjeron también petisos de polo de excelente tipo. Como ejemplo de estos pequeños pero buenos establecimientos se puede citar el del señor Augusto C. Pieres, abuelo de los astros de la actualidad el que reunió en cierto número de yeguas puras hijas de Loving Boy, por Old Man, y de las cuales algunas fueron premiadas en la exposición de polo de Palermo como yeguas madres.

LOS MAS NOTABLES EJEMPLARES
¨ Se podían comprar petisos adecuados por ocho o diez libras¨, recordaba Vivian G. Kennard, quien agregaba: ¨ Me imagino que el polo más barato del mundo se jugaba en el campo, pues los caballos de trabajo durante la semana eran petisos del domingo¨.
En 1936, en los Estados Unidos de América, después de ganarle a la Argentina la Copa de las Américas, en el remate de los petisos argentinos el multimillonario Jock Whitney pagó 14.500 dólares por Chingolo, un zaino colorado propiedad del ¨ conde ¨ Gazzotti. En medio siglo, la Argentina pasó a igualar la mejor caballada polística del mundo y, muy probablemente, estuviera en un plano superior. La primera mención impresa acerca de los petisos de polo argentinos se anota en la obra ¨Polo¨, por James Moray Brown y que data del 1891: ¨Unos pocos petisos sudamericanos han llegado a Inglaterra. Algunos son extraordinariamente buenos y ninguno es mejor que Dublin, un oscuro del mayor Peters del 4 de Húsares. Aunque pequeño, Dublin es robusto, veloz y rápido como un relámpago para dar vuelta¨.
Los criadores británicos fueron tempraneros en reconocer las ventajas de un Stud Book y entre los primeros petisos registrados figuran cuatro argentinos. El criador N. Granville-Wells, domiciliado en Hurlingham, F.C.B.A. al Pacífico, ahora ferrocarril San Martín, inscribió a la zaina Francesa, nacida en el año 1891, y a la oscura Juanita, nacida en el siguiente año, ambas por el puro Outfit. De Francesa se agrega la rara anotación: ¨ un buen polo-pony¨. Y un señor Alvarez, de la estación homónima, inscribió a dos zainas nacidas en 1895, por el padrillo Hermit, ambas con marca G y anotadas con los números 943, Elena, y 944, Estrella. Ya en 1895, aquel equipo que encabezó Hugo Scott-Robson llevó una caballada lucidísima, entre los que alcanzaron gran fama Langosta, y muy especialmente Orsino, porque éste era un petiso de raza criolla, y es de suponer cómo sorprendida su calidad siendo que carecía de gran sangre. Pero había reservas en la caja de sorpresas de los petisos que transportaban a Europa nuestros polistas. El equipo que viajó dos años más tarde, respecto al que se recordó aquella extraordinaria perfomance de 23 partidos jugados, 17 ganados, 3 empatados y otros tantos perdidos, tuvo como montas exclusivamente petisos de raza criolla, de cuyas condiciones dice holgadamente la sucesión de triunfos. En verdad que ahora, transcurridos tantos años, sigue llamando la atención que el caballo criollo lograra competir con animales de sangre selecta como los que jugaban los ingleses. Si bien varias publicaciones inglesas del siglo pasado recomienda a los posibles compradores no considerar animales con marca, discriminando así de manera negativa a los identificados con nuestra costumbre de marcar en el anca, muchos petisos nuestros tuvieron destacada actuación en campos europeos en esa época de desarrollo del polo.
Como ejemplo, el partido final por el Campeonato Abierto del Hurlingham británico de 1897 enfrentó a los Freebooters, vencedores en las tres confrontaciones previas, y al team de Rugby, en el cual los hermanos Miller jugaron tres petisos argentinos: Langosta, llevado por Hugo Scott-Robson, Sandowy Slavin, exportados por Francisco Balfour. Los tres fueron repetidos, jugando dos de los seis Chukkers de 10 minutos cada uno. Como acotación al margen de la crónica, no se anotaron tantos durante 57 largos minutos, ganando finalmente Rugby por 2 goles a cero.
En 1912, otro equipo argentino viajó a las islas británicas. Fue El Bagual, Lynch-Staunton, Schwind y los Traill. Lo notable, consistió que jugaran la final de la Copa Whitney contra Eaton y se dice notable porque justamente lo que caracterizaba al team de Eaton era que se lo tenía reconocidamente como poseedores de los mejores caballos que participaban en las más destacadas e importantes competiciones del Reino Unido. Eaton era kagi así como una pertenencia del duque de Westminster, dueño de muy considerable fortuna. Su equipo perdió – ya se ha mencionado – por 22 goles a 10 y un tiempo después la selección inglesa debía trasladarse a los Estados Unidos para competir en las canchas de Meadow Brook. El duque de Westminster no dudó en fortalecer la caballada del equipo inglés aún cuando era excelente y para ello compró varios de los petisos argentinos.
Desde el comienzo de las giras internacionales la venta de los petisos constituyó un eficaz medio de financiarlas y todavía solía ser un espléndido negocio para algunos de los propietarios. Ello ha sido una norma tanto cuando se trataba de conjuntos representativos de nuestro polo como viajaban individualmente para integrar equipos por haber sido invitados. Al presente esto mantiene vigencia y evidentemente ello constituye una corroboración de la formidable calidad de los petisos argentinos tanto en sangre como en enseñanza, entrenamiento y cuidado.
Como este comentario puede sonar a fogosidad nacionalista, viene muy bien conocer la opinión de un extranjero y par el caso la del popular jugador británico Edward D. Miller que, además de ser polista de nivel internacional, fue un experto en petisos de polo y que solía hacer comentarios muy prolijos sobre la caballada de los equipos que competían en las pujas nacionales e internacionales.
Escribía asi el capitán Miller: ¨Dos Petisos jugados por Mr. Whitney en los partidos internacionales de 1909 eran argentinos: Indian Chief y Mallard. Las Armas, un magnífico bayo, ha sido jugado por P.W. Nickalls por varios años y existen muchos otros casi tan buenos como los mejores petisos ingleses, tales como Gozo, de R. Grenfell; mis propios Langosta y Chieftan; Madariaga, del duque de Westminster; Mariano, del mayor Romer Lee; mi propio Tigre y varios otros¨.
Pasa luego a describir una lista de los mejores petisos que vio jugar en las tres temporadas de Londres, e incluye a los siguientes:
¨Barón: jugando mucho años por E. De Escadón y por lord Wodehouse en el primer partido internacional de 1909.
Chieftain: importado por A. Stourton. Montado por C. P. Nickalls en todos los partidos importantes en varias temporadas y finalmente se quebró la columna jugando en Hurlingham. Uno de los mejores petisos argentinos y quizás el más rápido. Gozo: uno de los petisos más ligeros en este momento. Propiedad de R.Grenfell, quién se lo prestó a H. Rich para el segundo partido internacional de 1909.
Langosta: jugó en todos los partidos ganados por el equipo de Rugby en 1897 – 99. Las Armas : lo jugué en el Abierto de 1904 y mi hermanito en el año siguiente. P. W. Nickalls lo jugó en el equipo campeón de 1906 y en todos los partidos importantes desde entonces.
Mallard: este petiso lo jugué en el Abierto de 1908 y lo creo el mejor de los argentinos. Vendido a H. P. Whitney y jugado por D. Mllburn en los partidos internacionales. No lo consideran suficiente ligero para América, pero en Hurlingham era una maravilla.
Mariano: quizás el mejor petiso argentino que jugó en Inglaterra. Tigre: propiedad de ¨ Fondo par Recuperar la Copa Internacional ¨.
Se apuntará, como complemento de la narrativa de Ted Miller, que los torneos que jugó Langosta y ganados por el equipo de Rugby, fueron nada menos que tres Abiertos del Hurlingham y uno de Ranelagh. Por el año 1913 se fundó la Asociación Nacional de Polo y si bien su creación era muy reciente, el coronel Isaac de Oliveira Cezar consiguió la ayuda financiera del Jockey Club y la representación de la novel institución. Oliveira Cézar viajó a Inglaterra con José, Roberto y Juan Traill y Lynch-Staunton; los resultados de esa gira ya han sido referidos. Como casi siempre, el equipo transportó su caballada y la vendió después de finalizar la campaña.
Alfonso XIII reinaba en España por entonces y gustaba sumamente del polo, sin que ello quisiera decir que fuera destacado jugando. Poseía dos canchas privadas, una en ¨La Granja¨, cerca de Segovia, y otra en ¨Casa de Campo¨, bien cerquita de Madrid; bueno... no hay que olvidar que Alfonso era rey. El monarca español estaba muy bien montado, tal vez demasiado bien para su juego y no perdía ocasión de mejorar se plantel. Admirado por la caballada argentina, pagó 7.500 pesetas por un petiso.
El príncipe de Gales, después de Eduardo VIII y duque de Windsor al abdicar como derivado de su idilio con Wally Simpson, andaba como polista por ahí, como Alfonso XIII pero, asimismo, tenía excelentes petisos.
Aquel equipo de 1922 que triunfó en todas su presentaciones en Inglaterra y posteriormente conquistó el Abierto de los Estados Unidos, llevó una caballada fuera de serie.
Del conjunto, empero, cabe mencionar al famoso por cierto, como que fue tres veces campeón en nuestro Hurlingham y también en Meadow Brook, siendo inmortalizado en un óleo de Oscar Ghiso. Luis Nelson llevó a Víbora, que prestó a Luis Lacey y que fue el caballito de batalla del extraordinario back.
Juan Miles montó un malacara soberbio: Pampero, por Clive, y el que realmente lo parecía en al cancha; también jugó una yegua, Pura, por Roebuck, el padrillo de Hugo Scott-Robson y que obtuvo el precio máximo en la subasta. Arturo Kenny no participó en la gira pero prestó un ejemplar, Aguila, por Congo, que recogió elogiosos comentarios. Pero lo más notable lo constituyeron Gargantilla, Nena y Plumita, todas por el gran Collar Stud de esos excelentes criadores que fueron los hermanos Luis y Jack Nelson.

EL AFAN POR ADQUIRIR PETISOS ARGENTINOS
Trasladados a los Estados Unidos, vencedores del Abierto de ese país y perdedores en la Serie Internacional, se realizó una venta de 17 petisos. Los precios resultaron remunerativos, como era de suponer.
Los nombre de algunos de ellos ya son conocidos pues han sido citados al referirse a los trofeos diputados en Inglaterra. Pura, la alazana jugada por Juan Miles, obtuvo el precio más alto: 7.500 dólares pagados por John Sanford. Pura resultó una gran yegua, si bien algo chica, pero tan noble, fuerte y rendidora que Stephen Sanford la jugó por muchos años.
Se pensaba -a juicio de muchos conocedores- que el astro de la venta sería al alazán Vívora, por el que Averell Harriman, heredero de una fortuna de ferrocarriles estimada en 100 millones de dólares, pagó 7.000, cifra que Pura superó, desdiciendo la opinión de los eruditos.
Harry Payne Whitney compró a Gargantilla. Gargantilla era una hermosa tobiana y fue una figura familiar en Meadow Brook y en diversas ocasiones la jugó el extraordinario 10 Devereux Milburn. Tan hermoso animal era Gargantilla que, años mas tarde, el famoso artista Alfred Munnings pintó un llamativo retrato de Milburn sosteniendo a esta yegua, y del cual se hicieron numerosos grabados.
Para las olimpiadas de París en el año 1924, la Argentina inscribió un equipo que se alzó con el título Campeón Olímpico. Embarcó 35 petisos que entusiasmaron de tal suerte que el periodismo francés elogió destacando sus virtudes después de minuciosos análisis de sus medidas. Se maravillaban por la docilidad con que se dejaban guiar, al extremo que se semejaba que se semejaba que sus movimientos eran reacciones naturales y propias. Se destacaron especialmente Flecha, Ñata y Chañarsita, todas por Collar Stud y Campeona en Palermo.
La ulterior competencia del polo olímpico se cumplió en el año 1936, siendo la sede olímpica Berlín. También allí, en Alemania, los petisos argentinos maravillaron a los espectadores, singularmente por la velocidad que imprimían al juego, donde sus delanteros avanzaban vertiginosamente, inalcanzables, o sus defensores aparecían desde atrás imparables para la defensa adversaria. Se rescata de la memorización a la alazana Pluma de Oro, por Collard Stud, criada por los hermanos Nelson. Esta yegua había ganado el primer premio por dos años consecutivos en Palermo y en Hurlingham. También se recuerdan a Balín y Confite, de propiedad de ese número uno Luis Duggan, que había dejado boquiabierto al público con su increíble celeridad y que igualmente llegaban a Alemania con el alto mérito de haber sido premiados en El Trébol, en Palermo y en Hurlingham.
Se lucieron asimismo Carpincho, de Alfredo Harrington y que éste prestó al equipo, y Condesa, criada por Daniel Duggan y vendida a los hermanos Leonardo y Luis Lacey, quienes la ofrecieron a los jugadores olímpicos.
Cuando en 1962 un equipo argentino jugó en Estados Unidos, oportunidad en que Juan Nelson ideó la Copa de las Américas, en la habitual venta de petisos al adinerados Sanford adquirió en 13.000 dólares la yegua Judy por el célebre Cheep, de Nelson, demostrándose una vez más el interés por nuestros petisos. El precio pagado por Judy, campeona de Meadow Brook ese año, fue el más elevado, pero igualmente lograron excelentes valorización otros como Black Bess y Gama, de Peña y Andrada, respectivamente; 10.000 dólares se pagaron por cada una. La primera competición por el Campeonato de las Américas constituyó un alarde de la aptitud nada común de los animales criados en nuestra tierra. Llegaron a los partidos enfermos, habían contraído moquillo. No hubo posibilidad de hacer mejorar a varios de ellos, tanto que el día del partido final los cuatro jugadores disponían de 16 petisos, es decir un promedio de cuatro para cada uno con lo que, irremisiblemente, debían repetir todos los caballos. Y lo hicieron con una garra y fortaleza inconcebible con caballada todavía en etapa de recuperación.
Fue presentando un alazán que había tenido una actuación prodigiosa pues había jugado 7 chukkers en los tres partidos. Siete chukkers en tres partidos internacionales del mejor polo del mundo; quiere decir que Júpiter, que tal era el nombre del petiso, jugó un promedio de dos chukkers por partido y en uno lo repitieron tres veces reafirmando el dicho criollo de: ¨ Alazán tostado, antes muerto que cansado¨. Júpiter no llegó muy afamado, pero la hazaña que cumplió tanto como el precio a que treparon las ofertas de su venta, le hicieron saltar de una relativa oscuridad a un lugar definitivamente privilegiado en los anales del polo. Es que al terminar la subasta de Júpiter, 22.000 dólares cambiaron de mano, seguramente con gran felicidad de ambas partes: el vendedor por los dólares que embolsó y el comprador por haber adquirido un caballo que, además de ser excelente, asimismo pasaba a la historia por bueno y por bien pagado.
El famoso Bayo de Lacey, de actuación espectacular en el Abierto Argentino en cuya final jugó tres chukkers, y cinco en esta gira, se cotizó a 8.100 dólares.
Quién pago 22.000 dólares por Júpiter fue Jonh Sanford para que lo jugara su hijo Stephen; el mismo Sanford y también para el afortunado Laddie, compró a Santos Vega. Júpiter merecía un final glorioso, acorde con su prestigio tan ciertamente ganado, pero no fue así. Luego de ganar premios en concursos en Londres, Laddie Sanford se lo prestó a Devereux Milburn y éste, conocido como ¨ mano fuerte ¨, le quebró la quijada. Quizás la maestría de un Luis Lacey, que fue quien lo jugó en la Serie Internacional, era necesaria para obtener su mejor rendimiento. Los Sanford poseían una granja en Amsterdam, estado de Nueva York, y a ella fue a dar desgraciado Júpiter; el pobre alazán terminó entre varas de un carrito...
Los precios fueron tan elevados, aproximadamente el doble de lo que se esperaba, que cuando Jack Nelson en viaje a Inglaterra recibió su cablegrama con los resultados de la subasta, pidió confirmación dada la sorpresa que le dio por la inesperada bonanza.
Como se anotó en su momento, en 1936 después de ganar loa Olimpíadas de Berlín, los campeones viajaron a Estados Unidos para competir por otra serie de la Copa de las Américas. Trasladaron la muy buena caballada que jugaron en el torneo olímpico más lo que jugaron en dicha competición. Presumiendo que los adversarios norteamericanos serían de mayor calibre que los encontrados en Europa, siete petisos fueron enviados desde Buenos Aires para reforzar el plantel, encabezando el lote el renombrado Pampero.
Pampero había conquistado el título de campeón en 1935 y era propiedad de Luis y Juan Nelson, quienes también enviaron a la zaina Carolina. Integraban el conjunto Cometa y Doña María, de Heriberto Duggan, y se sumó Bamboleo, de Alberto Mulhall Duggan. Buen cliente de los argentinos John Sanford, se adjudicó a Lucky Strike, un hermoso ejemplar de Juan Miles, al que la habilidad de Gazzotti hizo florear en el país del norte. El ya nombrado Whitney, back del team norteamericano, se quedó con Pampero.
Se suspende la narrativa de los caballos argentinos llevados al exterior en el año 1936 porque, a poco, estalló la segunda guerra mundial y consiguientemente las competencias internacionales con los clásicos rivales Estados Unidos e Inglaterra quedaron interrumpidas.
Finalizada la guerra mundial, las cosas cambiaron substancialmente en muchísimos aspectos y entre ellos, en esas pujas por el precio de los petisos de polo argentino, organizadas sistemáticamente al terminar las temporadas de juego.
Los caballos argentinos ya habían logrado escalar el primer plano en cuanto a su adaptación al juego de polo, de otra parte, ya había perimido la época en que los argentinos llegaban a Europa o Estados Unidos prestos a sorprender más y mejor en cada presentación competitiva y a maravillar con la habilidad con que hacían rendir hasta lo insólito a sus caballos. Iban de la Argentina polistas de diversos lugares con lo que la relación deportiva se tornó fluida y, de suyo, asimismo se establecieron relaciones comerciales en materia venta de petisos.
El remate de petisos llevados por nuestros jugadores desapareció, siendo substituida esa puja de ofertas por tratativas personales y, aun y cada vez más asiduamente, por pactos de compra-venta previos al traslado de los animales. En cierto modo, podría decirse que la publicidad de las subastas fue desplazada por la intimidad de los tratos comerciales privados. Se hizo, pues, muy arduo detectar una estadía de precios.
Por sobre todo ese nuevo panorama, la eficiencia de nuestros petisos era tan marcada que ya superaba el interés informativo. Pasó a ser un lugar común. No justifica persistir en su tratamiento.

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